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Esta semana se anunció con bombos y platillos la visita a Chile del cantante Robin Gibb, integrante de la banda británica Bee Gees, quien hoy se desempeña como presidente de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (Cisac), la multinacional que agrupa a las entidades de gestión colectiva alrededor del mundo.
Según la nota de prensa publicada, Gibb vendría a Chile a ser homenajeado (?) por la USACH, la que le daría un doctorado honoris causa (?), además de -en palabras de doña Tatiana Urrutia directiva de la SCD- “reposicionar a la Unión Nacional de Artistas (UNA) como la organización que representa a todos los creadores en Chile, reunidos en diversas organizaciones“.
Ya. Interesante que tengan que traer a un artista de extraños y dudosos éxitos a explicar lo que los líderes de la autodenominada “UNA” intentaron hacer hace un tiempo con tristes resultados. Me llama la atención cómo algunos necesitan tener verdades reveladas por un artista que, por lo demás, está lejos de la realidad de la gran mayoría de los creadores culturales de nuestros países.
Es que a menos que el señor Gibb comparta el secreto de su éxito -digámoslo, más vinculado a la tantas veces esquiva suerte y al decidido apoyo de la industria discográfica de los setenta que a otra cosa- resulta a lo menos paradójico que comparta el valor de la asociatividad de un sistema de distribución de regalías por derecho de autor que dista de ser equitativo y que beneficia fundamentalmente a los Gibbs de este mundo y no a la gran mayoría de artistas y creadores de ignotos y lejanos lugares como Chile.
Bueno, la noticia -si es que lo fue en algún momento- es que el señor Gibb canceló finalmente su visita, dejándonos sin la oportunidad de compartir su sabiduría y, de pasada, construyendo una noticia desde el humo. De la intención de venir. Si es que, en realidad, alguna vez la tuvo, claro.
Fotografía de Paul Easton CC:BY-NC-ND
En su estupendo blog, Roberto Gargarella desvirtúa con gran claridad algunos argumentos que se han dado en la Argentina en contra del matrimonio homosexual. A pesar de no ser en estricto sentido tema relativo a derecho y tecnología, me parece necesario replicar ilegalmente pasajes del post para desempolvarnos de ese ethos militarista y confesional del que nuestros políticos nos intentan convencer como propio.
“Algunos argumentos contra los muy malos argumentos dados por los críticos del matrimonio gay, en la sesión del jueves pasado en Diputados
El matrimonio gay va contra las tradiciones argentinas. Éste es uno de los argumentos más difundidos, pero a la vez más endebles, en contra de los proyectos bajo análisis. En primer lugar, este tipo de afirmaciones son problemáticas por querer asignar la etiqueta de ‘tradición’ a prácticas que –normalmente- no es fácil describir como tales. Pero aún si concediéramos que el matrimonio heterosexual constituye una ‘tradición argentina,’ cuál sería el problema de desafiar dicha tradición? Tal vez, la violencia marital o la infidelidad sean prácticas tradicionales en la familia argentina, pero ello no dice absolutamente nada a favor de las mismas, o acerca de nuetro deber de preservarlas.
Desvirtúa el concepto de matrimonio. Para algunos de los expositores, el matrimonio gay es insostenible porque el concepto de matrimonio está reservado a ‘hombre y mujer,’ y no a parejas del mismo sexo. Este argumento, sin embargo, es muy malo, porque presupone que los conceptos preexisten a nosotros cuando en verdad se trata de creaciones humanas, que elaboramos y precisamos con el tiempo, para comunicarnos y entendernos mejor. Hace algunas décadas, por ejemplo, la idea de ‘voto’ se asociaba con los varones propietarios y hoy, por suerte, dejamos esa vieja definición de lado. Hubiera sido insólito, entonces, que alguien dijera que –al universalizar el sufragio- estábamos ‘desvirtuando’ la naturaleza del concepto de ‘voto.’
Socava la finalidad del matrimonio. Algunos de los expositores sostuvieron que el matrimonio gay era inaceptable porque él no permitía asegurar la finalidad del matrimonio, que tiene que ver con la procreación y la preservación de la especie. Este argumento peca por varias razones, y entre otras por ser extraordinariamente sobre-abarcativo. Si el argumento fuera válido debiéramos impedir también, por caso, el matrimonio de parejas imposibilitadas de procrear o decididas a no procrear, algo que nadie está dispuesto a hacer y que demuestra que, en verdad, quienes alegan este argumento lo hacen por razones ajenas al mismo.
(Via Seminario de Teoría Constitucional y Filosofía Política..)

En 1968 la revista Science publicó un artículo del biólogo texano Garret Hardin que se iba a transformar en un clásico de la literatura económica de la segunda mitad del siglo XX. En él, Hardin sostiene que si todo el mundo tiene acceso libre a un terreno, cada uno de nosotros intentaremos llevar la mayor cantidad de animales posible. Mientras más animales llevemos, mejor para nosotros. El problema -la tragedia, dice Hardin- se produce porque maximizar nuestro beneficio implica pérdida para el resto. Y si todos hacen lo mismo, todos pierden y nadie se beneficia. En palabras del propio Hardin,
Y ahí está la tragedia. Cada hombre está encerrado en un sistema que lo impulsa a incrementar su ganado ilimitadamente, en un mundo limitado. La ruina es el destino hacia el cual corren todos los hombres, cada uno buscando su mejor provecho en un mundo que cree en la libertad de los recursos comunes. La libertad de los recursos comunes implica la ruina para todos.
La única salida para esta tragedia, para Hardin, era un sistema de propiedad, con intervención gubernamental o la propiedad privada del terreno común, dado que de lo contrario esos bienes colectivos estaban destinados al abandono y la falta de gestión.
Este corolario parece haber sido repetido como un mantra por varias generaciones de economistas, muchos de los cuales han terminado convenciéndose de ello, haciendo apuestas que apuntan a la destrucción y consiguiente propietarización de estos recursos de uso común (sin ser economista, es la mejor traducción que se me ocurrió para los “common-pool resources”) como una manera eficiente de gestión.
Hasta que llegó Elinor Ostrom. En un libro de 1990 llamado “Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action”, le envía un flechazo al corazón a la tesis de Hardin, sosteniendo -entre otras cosas- que para evitar la tragedia, lo relevante no es el sistema de propiedad sino el sistema de administración. Ostrom sostuvo que existe una tercera vía de administración de esos recursos de uso común, cuando los individuos usan normas sociales e instituciones muchas veces informales para hacer una gestión que muchas veces es superior a la mera privatización de dichos recursos. De alguna manera, parece sugerir Elinor, en condiciones de escasez resultan más eficientes estructuras de colaboración entre los individuos antes que la depredación indidivual.
Por cierto que la tesis de Ostrom no es aplicable a toda clase de problemas. Pero probablemente donde con mayor claridad es posible aplicarlo es, sorpresa, a las nuevas formas de asociatividad promovidas por las nuevas tecnologías. Tal vez el ejemplo de la Wikipedia o la construcción del sistema operativo Linux sean buenos ejemplos al respecto. Por otro lado, la regulación de la propiedad intelectual y el dominio público también tienen cosas que decir. En un artículo titulado “Ideas, Artifacts, and facilities: Information as a Common-Pool resource“, Ostrom y Charlotte Hess aplican dicha teoría al campo de la investigación científica y las publicaciones académicas con resultados interesantes. Respecto de la información académica, expresamente Ostrom señala que la tragedia de los comunes no parece tener cabida. Entre otras razones, porque existe una cantidad importante de razones que incentivan la producción de investigaciones científicas y la colaboración entre investigadores, como la necesidad de tener información al día, los altos costos de acceso de publicaciones indexadas privadamente o la necesidad de diseminar el conocimiento en forma inmediata, gracias a repositorios e índices de acceso abierto.
Como sea, pareciera ser que con el Nobel se comienzan a escuchar lejanas las conclusiones trágicas de Garrett Hardin cuando las oportunidades y herramientas que permiten la colaboración son únicas en la historia. En un mundo donde muchos paradigmas económicos parecen estar en una encerrona fatal, muchos queremos que Elinor Ostrom tenga razón.
Fotografía: rpdorgan, Flickr.
Por si a alguien todavía le quedan dudas, grabamos un capítulo especial de Circobit, su podcast regalón.
Escuche Circobit #14: Especial Propiedad Intelectual: censura, cortes, y las teorías locas del doctor Moffat.
Heather Morrison ha publicado cifras bien impresionantes sobre el crecimiento de repositorios y publicaciones científicas que responden al criterio Open Access alrededor del mundo. Es interesante para tener en cuenta como dato estadístico y, además, de alguna manera demuestra que la adopción de políticas de propiedad intelectual más abiertas es un movimiento más que una moda pasajera. Que no sólo el público, sino que cada vez más investigadores, científicos y editores de revistas científicas están dando el paso a garantizar condiciones abiertas de acceso al conocimiento científico.
Por otro lado, muchas veces nos quejamos de la postura norcéntrica de muchas de estos desarrollos, en términos de que no pocas veces la realidad de los países en vías de desarrollo no deja de ser una anécdota. En el caso de los repositorios institucionales, en cambio, la situación es diferente, donde en Chile tenemos el caso del repositorio de la Universidad de Chile, por ejemplo, es considerado como un ejemplo por la cantidad de material incluido, por sus políticas de propiedad intelectual que permiten licenciamiento abierto, y por su vinculación tecnológica con repositorios de todas partes del mundo, para dar más visibilidad a dicho conocimiento.
Uno podría hacer una serie de reflexiones al respecto, relativas a la barrera idiomática si las publicaciones no están en inglés, a la estandarización documental, a la liberación de las bases de datos, entre muchas otras que, probablemente, les comparta en un próximo artículo (?). Hoy quedémonos con las estadísticas de Heather Morrison para el archivo.
Directory of Open Access Journals (DOAJ): sobre 4000 revistas full open access, se añaden 2 títulos al día.
OpenDOAR (Directory of Open Access Repositories): recopila información de más de 1500 repositorios alrededor del mundo, agregando uno al día.
Scientific Commons: 30 millones de publicaciones en línea gratuitamente, se agregan 20.000 al día.
PubMedCentral: El 20% de la literatura médica de todo el mundo se libera gratuitamente 2 años después de la publicación, el 10% inmediatamente al momento de la publicación.
Heather Morrison ha publicado cifras bien impresionantes sobre el crecimiento de repositorios y publicaciones científicas que responden al criterio Open Access alrededor del mundo. Es interesante para tener en cuenta como dato estadístico y, además, de alguna manera demuestra que la adopción de políticas de propiedad intelectual más abiertas es un movimiento más que una moda pasajera. Que no sólo el público, sino que cada vez más investigadores, científicos y editores de revistas científicas están dando el paso a garantizar condiciones abiertas de acceso al conocimiento científico.
Por otro lado, muchas veces nos quejamos de la postura norcéntrica de muchas de estos desarrollos, en términos de que no pocas veces la realidad de los países en vías de desarrollo no deja de ser una anécdota. En el caso de los repositorios institucionales, en cambio, la situación es diferente, donde en Chile tenemos el caso del repositorio de la Universidad de Chile, por ejemplo, es considerado como un ejemplo por la cantidad de material incluido, por sus políticas de propiedad intelectual que permiten licenciamiento abierto, y por su vinculación tecnológica con repositorios de todas partes del mundo, para dar más visibilidad a dicho conocimiento.
Uno podría hacer una serie de reflexiones al respecto, relativas a la barrera idiomática si las publicaciones no están en inglés, a la estandarización documental, a la liberación de las bases de datos, entre muchas otras que, probablemente, les comparta en un próximo artículo (?). Hoy quedémonos con las estadísticas de Heather Morrison para el archivo.
Directory of Open Access Journals (DOAJ): sobre 4000 revistas full open access, se añaden 2 títulos al día.
OpenDOAR (Directory of Open Access Repositories): recopila información de más de 1500 repositorios alrededor del mundo, agregando uno al día.
Scientific Commons: 30 millones de publicaciones en línea gratuitamente, se agregan 20.000 al día.
PubMedCentral: El 20% de la literatura médica de todo el mundo se libera gratuitamente 2 años después de la publicación, el 10% inmediatamente al momento de la publicación.

En estos días ha aparecido en prensa la existencia de un proyecto de ley que pretendería establecer censura en internet, cortar la conexión a internet y dejaría a los prestadores de internet (ISP) como policías para perseguir infracciones a la ley de propiedad intelectual.
Dos noticias. La primera es que existe un proyecto de ley, pero de propiedad intelectual. La segunda es que el proyecto no contempla ninguna de esas tres cosas. No existe, en definitiva, ningún proyecto de censura en Internet.
El proyecto de ley, por el contrario, es el primer esfuerzo serio de tener un sistema de derechos de autor equilibrado y justo, con excepciones y limitaciones para bibliotecas, establecimientos educacionales y público en general. Un proyecto que adapte de una buena vez la ley que data de 1970 y que, a estas alturas, es insuficiente para la realidad del siglo veintiuno.
En el contexto de la ley ha habido dos grandes debates. El primero, respecto del establecimiento de una excepción que garantice usos justos, al que en un principio se opuso fuertemente la SCD y los sellos discográficos. El segundo, el sistema de notificación y bajada del sistema de limitación de responsabilidad de los ISP. Resabio del TLC con Estados Unidos de 2003, Chile está obligado a regular un régimen especial de limitación de la responsabilidad de los ISP por los eventuales ilícitos que se realicen a través de sus redes. La SCD junto con los sellos discográficos hicieron fuerte lobby a favor de un sistema de notificación privada para que el ISP se viera obligado a bajar contenidos eventualmente infractores. Por medio de una mera carta certificada, proponían, el ISP debía bajar esos contenidos o de lo contrario sería él el responsable de dichas infracciones.
Como ese tipo de notificación adolece de problemas constitucionales, finalmente lo que el Senado adoptó fue un sistema mediante el cual cualquier bajada de contenidos debe suponer previamente una resolución judicial. Es decir, no cualquier notificación ni carta certificada, sino el estudio previo por parte de un juez que garantice la idoneidad de la medida restrictiva de derechos.
Pero se les coló el artículo 85 T, que en una redacción confusa señala que:
Artículo 85 T. (…) El prestador de servicio que voluntariamente o ante un requerimiento, de buena fe, retira, inhabilita o bloquea el acceso a material, basándose en una infracción aparente o presunta, estará exento de responsabilidad ante cualquier reclamo por esas acciones en la medida que, tratándose de material alojado en sus sistema o red, notifique sin demora al proveedor del material, que se ha retirado, inhabilitado o bloqueado el acceso a éste. Si el proveedor del material realiza una comunicación informando su sometimiento a la jurisdicción del tribunal competente de su domicilio en un proceso por supuesta infracción, el prestador de servicio deberá reestablecer el material en línea, a menos que en el intertanto el requirente haya presentado una medida prejudicial o una demanda ante el tribunal competente que ordene o ratifique el retiro, inhabilitación o bloqueo de acceso al material.
El artículo, según mi opinión, adolece de una serie de defectos y, por lo demás, no guarda relación con la lógica de notificación judicial para cualquier bajada de contenido. Efectivamente puede suponer una puerta para abusos de los ISP. Pero de ahí a sostener que se está autorizando al ISP para bajar contenidos y cortar conexiones, hay un buen trecho. Ni siquiera este artículo, de deficiente técnica legislativa, supone la censura en la red, como algunos han señalado.
Por otro lado, el proyecto de ley tiene muchas deficiencias, como la inexistencia de sistema público de protección del patrimonio cultural común, o resolver el problema de las obras huérfanas, por sólo dar dos. Pero pretender echar por tierra un proyecto de ley que por primera vez en la historia de Chile va a equilibrar los intereses del público estableciendo excepciones claras para el público es absurda y, como bien dice Carlos, sería el gran triunfo de quienes quieren un sistema extremista de propiedad intelectual sin excepciones.
Por otro lado, las campañas que han aparecido en internet, lejos de alentar un sistema adecuado o justo de propiedad intelectual al parecer no hacen sino poner obstáculos a la compresión de los derechos de autor no sólo como protección de propiedad, sino también como garantías de acceso al conocimiento y la cultura. Saturar las casillas de correo de los diputados con mensajes equívocos y otros derechamente equivocados respecto del proyecto, lo único que hacen es darle razones a quienes quieren seguir discutiendo esto entre cuatro paredes, de espaldas a la gente. Un activismo digital de verdad, es un activismo que se haga responsable y con la verdad, no con supuestos ni con intuiciones. Y eso veo que hace mucha falta en estos días.
Foto: St3f4n, CC:BY-NC-SA

La inglesa Lily Allen, que se hizo famosa por canciones en un MySpace, quería dar una batalla en internet a favor de los artistas. Que internet está mal y que mata la música y la cultura. Que los ISP son malignos y se llevan plata que le corresponde a los artistas. De esas cosas que hemos escuchado por acá últimamente.
Lily anunció que montaría un blog para mostrar su verdad sobre el debate respecto de la piratería. Montó un blog y lo llamó ‘It’s not alright‘, que en castellano podría traducirse como “Esto no está bien”, un nombre que llenaría de orgullo a nuestro Juan Guillermo Tejeda.
El experimento duró cuatro días y Allen decidió cerrar el blog.
¿Soy el único al que le parece conocida esta historia?
Fotografía por NRK CC:BY-NC-SA

Estamos en época de elecciones en Chile y todos quieren ser Obama. Todos quieren ser Obama pero, claro, se parecen más a McCain y no se dan cuenta. Como si ser tocado por el fuego sagrado del ahora presidente estadounidense tuviera que ver con montar una página web, tener una página en Facebook y tener a un equipo actualizando Twitter.
Entre otras muchas formas en las que se materializa en nuestros candidatos presidenciales esta dicotomía entre discurso y propuestas tiene que ver con cómo enfrentan los desafíos derivados de las nuevas tecnologías. Al día de hoy, y teniendo cinco candidatos en carrera, sólo se ha hecho pública la propuesta del candidato de la derecha Sebastián Piñera, que hasta donde se sabe no contempla ninguna modificación normativa de relevancia más allá de ciertas exenciones tributarias. Se extraña, en concreto, una propuesta relativa a un nuevo estatuto de protección de datos personales, de delitos informáticos, cómo va a enfrentar la adecuación de la ley de propiedad intelectual a los requerimientos del TLC con Estados Unidos, o cómo entiende la neutralidad tecnológica en el Estado. Para qué nos vamos a poner exquisitos y pedir una declaración oficial sobre la neutralidad de las redes informáticas, tema que los gobiernos de la Concertación han evitado durante todos estos años.
Como explica Mariano, respecto de la neutralidad de la red para la administración Obama, Open Internet es el sitio oficial en el cual se explica claramente el valor estratégico de la neutralidad de la red y el por que es necesario para tener una internet que crezca y se desarrolle como se desarrolló hasta ahora e incluya el espectro móvil.
Mientras en Estados Unidos pasan cosas como éstas, en Chile tenemos una Estrategia Digital absolutamente desintegrada, sin ideas y sin liderazgo. Una Estrategia Digital que no ha sido capaz de liderar una agenda real de modificaciones que alienten mejoras legislativas sustantivas hacia la protección de los derechos de las personas y hacia el establecimiento de condiciones tecnológicas adecuadas para un desarrollo acorde a ello. Una Estrategia Digital que, finalmente, no ha sido capaz de posicionar los temas tecnológicos en la agenda del futuro.
Para algunos, las campañas hacia la protección de la neutralidad de la red no es más que una estrategia para proteger a los ISP, para gobiernos como el norteamericano es un estándar a seguir. Mientras en otros países vemos avances sustantivos, en Chile queremos llegar a ser un país desarrollado sin propuestas serias en la regulación de nuestras nuevas tecnologías.

Cinepata.com libera todo su catálogo de películas con licencias Creative Commons
Para Claudio Ruiz, presidente de la ONG Derechos Digitales y representante de Creative Commons Chile, este tipo de proyecto “no es sino la demostración que internet es una herramienta que permite desarrollar el acceso al conocimiento y la cultura de toda la sociedad. El que Cinépata haya escogido utilizar licencias Creative Commons indica que no sólo se pone a disposición del público un catálogo muy interesante de películas, cortos y documentales, sino que además, le entrega también garantías y derechos de uso y reproducción para que ellas puedan circular libremente”.
Y sí. Estoy muy contento por esta noticia.
La versión original. Si usted pensaba que en la nueva versión iban a rectificar el estúpido mensaje, wrong.
Amigos,
Los que están suscritos a los comentarios probablemente se habrán percatado del molesto ataque de comentarios y trackbacks spam que ha sufrido el blog durante la última semana. Frente a eso, y dado a que estoy aburrido de tener que borrarlos a mano, los comentarios a QLN quedarán ligeramente moderados. La regla es la siguiente: Si usted ya ha comentado antes, todo sigue igual. Si es primera vez que comenta, su comentario aparecerá luego que yo le diga que sí.
Eso sería. Disculpen las molestias, ya volvemos.

Dice el epígrafe de la imagen: “Los artistas creen necesario tomar cartas en el asunto dada la preocupante situación“. Tomar cartas en el asunto ¿es destruir bienes culturales?, ¿los amantes de los discos, pueden celebrar la destrucción de discos, ya sean sacros o profanos?.


Mientras países como Korea han hecho de la educación unida a las nuevas tecnologías una de las claves para su desarrollo económico, en Chile no parece ser una prioridad.
En declaraciones a Cooperativa, la Ministra de Educación chilena ha explicado que el tema no es prioridad debido a que “No somos Europa ni EEUU“.
Considerando los altos niveles de penetración que tienen las nuevas tecnologías en Chile y lo disgregado de nuestra geografía, pareciera ser que ellas suponen un instrumento muy valioso para lograr avances sustantivos en nuestros niveles educativos. Más aún, la experiencia del programa Biblioredes es un ejemplo concreto de cómo políticas públicas serias en materia tecnológica implican superar brechas importantes gracias a los avances tecnológicos.
En cualquier caso, las declaraciones son desafortunadas por la ignorancia que esbozan, donde pareciera que en lugar de estar hablando de oportunidades reales de superar brechas, le estuvieran preguntando por educación por hologramas o algo más parecido a la ciencia ficción que a una sala de clases.
Dejando de lado asuntos no menos importantes como políticas tecnológicas educativas desde la educación abierta, la verdad es que habría que la verdadera pregunta para nuestra ministra es si sabe, en realidad, en qué consiste la inclusión de tecnología en el proceso educativo. Yo tengo miedo de la respuesta.

Foto ninion en Paniko.cl, CC:BY-NC-SA
Hace alrededor de un año, Pablo Infante (Pol) decidió que su primer disco como productor iba a estar disponible de libre descarga en Internet. Como lo que pretendía era autorizar ciertos usos por parte del público, para que descarguen y re-utilicen su música, Pol utilizó una licencia Creative Commons con las que licenció todas las canciones de su disco Efectos Espaciales.
Por cuerdas separadas, durante este tiempo la industria discográfica tradicional ha comenzado lentamente a mutar sus modelos explotando tímidamente las ventas de formatos digitales de sus discos. Es así como hace algunas semanas se anunciaba cómo los discos intentan resucitar en la era digital, en la era de las descargas. En un interesante reportaje, por ejemplo, El Mercurio destaca a Los Bunkers como un ejemplo exitoso de distribución por internet, quienes obtuvieron un disco de oro digital al vender 8.000 copias de su último larga duración.
Pero los caminos de la distribución informal a veces nos llenan de sorpresas. Así fue como ayer se dio a conocer las estadísticas de las descargas del disco de Efectos Espaciales, las que durante un año han supuesto más de 53.000 descargas únicas del disco, multiplicando largamente la estadística de la industria formal. Asimismo, el disco Boo Boo de Francisco Pinto, editado por Pueblo Nuevo, suma más de 68.000 descargas desde Archive.org.
Así como es falaz creer que una descarga ilegal es igual a un disco menos vendido, también es problemático hacer una comparación irreflexiva de las descargas, especialmente considerando que una, a diferencia de la otra, suponía el pago de un precio. Pero a pesar de ello resulta interesante como las estadísticas del mundo de la distribución informal nos llenan de sorpresas y permiten explicar por que al mismo tiempo en que parece caer con estruendo la venta de discos, nunca antes hubo tantos shows en vivo y nunca se produjeron tantos discos como hoy. O cómo el que internet sea una gran noticia para los artistas ya no es sólo una idea, sino que una realidad.
Desde hace un tiempo, en sus opciones avanzadas, Google permite buscar imágenes filtradas por tipo de licencia Creative Commons, lo que es una fantástica noticia para quienes necesitan imágenes con algunos derechos reservados.

No es gracias a la magia negra de Google que esto es posible, sino que este prodigio tecnológico se produce mediante la utilización de metadatos y estandarización que permite el framework RDF. En castellano, cada vez que agregamos en nuestra obra licenciada distribuida por internet (blog, fotolog, mp3, etc.) “el código” que contiene la licencia Creative Commons (el “machine-readable code“), estamos diciéndole a las máquinas que pasan por nuestras páginas que el contenido está “marcado” de una manera particular que, en este caso, significa una licencia de derechos de autor.
Hace un par de días, Google ha explicado la manera más fácil de hacer que las imágenes que subes a sitios web, puedan ser marcadas con su licencia respectiva que, en lenguaje informático se traduce como lo que sigue:
<div about="http://www.quemarlasnaves.net/image.jpg">
<img src="http://www.quemarlasnaves.net/image.jpg" alt="" />
<a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/">Creative Commons Attribution Share-Alike 3.0</a>
</div>
Y hasta lo explican en video.
En El Mostrador se hace pública la noticia que mereció un escueto comunicado por parte del Tribunal Constitucional chileno.
Marcelo Venegas, el nuevo presidente del Tribunal, durante la dictadura militar fue Director de la desaparecida Dirección Nacional de Comunicación Social (DINACOS), organismo de la dictadura encargado de la censura y de las comunicaciones oficiales del régimen de Pinochet.
Según cuenta la nota del diario electrónico,
El viernes 8 de agosto de 1986, como jefe de DINACOS Venegas impuso una férrea censura a los medios de comunicación y agencias de noticias, argumentando que en esos momentos se llevaba a cabo un operativo que podría poner en riesgo la seguridad nacional. La medida se mantuvo hasta el lunes 11, día en que se hizo público el descubrimiento del arsenal ingresado al país por el FPMR.
En 2005, el nombre de Venegas volvería a figurar relacionado a hechos de 1986 (el “año decisivo” en que el Partido Comunista y el FPMR apostaron sus fichas para derrocar a Pinochet), cuando el juez Hugo Dolmestch lo incluyó en la lista de civiles miembros del comité político asesor de Pinochet, llamados a declarar en el marco de su investigación sobre los asesinatos de José Carrasco, Gastón Vidaurrázaga, Felipe Rivera y Abraham Muskablit, realizados por la CNI en represalia por el atentado contra el ex dictador.
Los lectores asiduos del blog saben la obsesión que tengo con el Tribunal Constitucional, sobre lo que he escrito en reiteradas oportunidades. Lo que continuamente he comentado es que, salvo por el episodio de la píldora del día después, a nadie parece importarle mucho este tribunal, a pesar del inmenso poder que tiene, y de su escaso control, siendo una extraña anomalía en el sistema de pesos y contrapesos que debiera lucir una democracia como la gente, una democracia en serio.
Incluso más allá de su calidad de director de un organismo creado por la dictadura, habría resultado interesante saber, por ejemplo, qué opiniones tiene Venegas respecto de las relaciones entre libertad de expresión y honra o qué cree respecto del ejercicio de la libertad de expresión como un instrumento de control del poder. A estas alturas, con hechos consumados, no es mucho lo que se puede hacer.
Si bien disto de admirar al ciento por ciento el sistema norteamericano, creo que si hay algo interesante es su sistema de elección de aquellos personeros que no gozan de legitimidad democrática, como es el caso de los ministros de Corte Suprema. A la luz de la reciente elección de Sonia Sotomayor en la Corte Suprema estadounidense, el que en Chile se escoja entre cuatro paredes el presidente de una de las instituciones más poderosas del país resulta a lo menos un insulto para quienes creemos en la democracia y en el control institucional.
Después de más de un año, los viejos gruñones del tech podcasting han vuelto.
Moffat+Ruiz=Circobit.
En esta edición, conversamos sobre los problemas de caja que enfrentan los medios en Internet, las soluciones que andan dando vuelta en la red, y las esperanzas que tiene el periodismo en la red. Algunos de los artículos que discutimos:
Build the Wall (David Simon, ex-Periodista y creador de “The Wire”
The Future of Newspapers (Richard Posner)
What worked for HBO won’t work for news (Dave Winer)
La Discografización del Periodismo (Pablo Mancini)
Associated Press pretende cobrar por los links (Quemar las Naves)
Financiando el Periodismo (El Diablo en los Detalles)
La música de la cortina es Rectifícate de Blit, del compilado Modismo “A veces jijo, a veces roboc”, CC:BY-NC-SA.
audio/mpeg (32 378 ko)
Como se enteraron hace rato los ágiles lectores que leen este blog a la antigua usanza y no a través de RSS, Quemarlasnaves acaba de renovar su imagen corporativa (?).
Gracias al talento de estos obreros del diseño gráfico, los insuperables Navaja.org encabezados por uno de mis héroes personales Jko Contreras, tenemos nuevo header, nuevos colores, nuevos sidebar, entre otras maravillas.
En palabras de los artistas, los cambios consistieron en:
- Ilustrar un barquito en llamas en un océano lo que alude a algun viaje épico. Y que más épico que los grabados xilográficos. Entonces observamos algunos del grabador mexicano Jose Guadalupe Posada, el trabajo de Stanley Donwood para Thom Yorke que es precioso y también el trabajo del artista y tipógrafo Eric Gill. Luego de eso realizamos una ilustración vectorial que trabajamos en Photoshop para darle texturas.
- Para la cabacera utilicé la fuente Amster Pro del tipógrafo Francisco Gálvez, que por sus cortes agudos evoca un carácter glífico, como tallado en piedra.
- Finalmente para la estructura general del sitio se usó y modificó un theme de Wordpress excelente llamado Modern Clix del argentino Rodrigo Galindez.
- Además de otras cosas pensadas en los usuarios del blog, como la navegación por etiquetas en vez de categorías, la simpleza del sidebar y la integración de redes sociales.
Yo estoy feliz con el rediseño. Es justo lo que quería. Legible, simple, limpio. Que lo sucio quede en lo que escribo. Se aceptan comentarios, sugerencias y críticas. Desde acá mi más profunda admiración a navaja.org por su trabajo.

Internet es acceso a la información. Tal vez la manera en que más nos ha cambiado la vida internet a quienes nacimos en el mundo analógico es la manera, las formas y los mecanismos mediante los que accedemos a información. Mientras que cuando niño mi curiosidad la saciaba abriendo al azar diccionarios y enciclopedias que tenía en casa, hoy con tres clicks es posible acceder a una enciclopedia que cuenta, mientras escribo este artículo, con más de 496.995 artículos, sumándose diariamente 400.
Así como la industria de la música ha enfrentado un cambio feroz por los medios de distribución que suponen las nuevas tecnologías, misma cosa parece pasar con los medios de prensa. Pareciera ser que hoy leemos más que nunca antes, pero no lo hacemos de la misma forma, como parece contarnos la brutal caída en las ventas de periódicos en papel y la consiguiente baja en sus ingresos por concepto de publicidad.
Ante esta realidad, muchos han comenzado a reaccionar. Los peces gordos, encabezados por el magnate Robert Murdoch -dueño de The Wall Street Journal, entre muchos otros medios- han comenzado a elaborar planes para acabar con la experiencia gratuita de la lectura en Internet, anunciando que comenzarán a cobrar por el acceso a sus contenidos más temprano que tarde.
Y en estos días Associated Press ha anunciado la creación de un sistema informático para detectar el copypaste de sus contenidos en internet. Según la información aparecida, la agencia pretende cobrar incluso por la publicación de titulares con links a sus noticias por parte de terceros.
Según apunta el NY Times, Tom Curley, presidente y director ejecutivo de AP, dijo que la posición de su compañía era que incluso un uso mínimo de un artículo online requiere un acuerdo de licencia con la organización que lo produjo. En una entrevista, citó específicamente referencias que incluyen enlace y un titular, práctica habitual de buscadores como Google, Bing y Yahoo, agregadores de noticias y blogs.
La apuesta de Curley, como se ve, pretende poner un gran cerrojo a cualquier utilización que se pretenda hacer del contenido del que Associated Press es titular. Incluso aquellos usos que parecen estar garantizados por excepciones como la del fair use norteamericano.
Personalmente me parece que la apuesta por el cerrojo de los contenidos no tiene mayor futuro. El mismo ejemplo del diario El País de España -cerrado por años para luego volver a abrirse- es ejemplificador de su fracaso. La información tiende a ser libre y gratuita. Es más, la información de noticias -incluso en Chile!- suele no estar sujeta a derechos de autor precisamente por razones parecidas, por lo que pretender derechos sobre una referencia o sobre la información misma no tiene ninguna validez. Distinto es es el caso del relato de la noticia, de la óptica y perspectiva que el periodista le entrega al hecho noticioso, el que tiene una regulación distinta.
A ver si este remezón sirve para que nuestros medios se esfuercen en entregarnos algo más que un copypaste de información de agencias y nos tomemos de esta forma un poco más en serio el ejercicio periodístico, que -como pocos- tiene en sus manos una labor clave para el fortalecimiento de nuestras democracias.








