Date: Sun, 19 May 2013 20:19:08 +0200
Quote:
- Pájaro en mano
GPS
http://masvalepajaroenmano.wordpress.com/2008/11/24/gps/
Text:
¿Cuánto debemos saber sobre la vida cotidiana del otro? ¿Necesitamos manejar todos sus horarios, conocer a todos sus contactos, estar al tanto de cada uno de sus movimientos? ¿Para qué?
Cuando mi mamá recién comenzaba a salir con su actual pareja, todas las semanas sin falta entraba en una especie de crisis paranoica cuando su novio, por alguna razón desconocida e imprudente, no contestaba su celular.
Ella asumía sin más que él la estaba engañando con el felino más vulgar, andrajoso y oxigenado de la ciudad y juraba, a los gritos, que jamás volvería a confiar en un hombre y menos en uno con semejante prontuario.
Con el tiempo él se fue acostumbrando a tener prendido el teléfono, y ella se fue convenciendo de que él había dejado atrás sus épocas de parrandero incontrolable para emprender una vida romántica y confortablemente rutinaria junto a ella y dejó de perseguirlo.
Mi padre, en cambio, es todo lo contrario. Jamás le pregunta a su nueva
esposa qué hizo en todo el día ni con quién estuvo. No sólo no es celoso, sino que no necesita tener ningún control sobre la vida de su mujer, aunque siempre, siempre avisa a qué hora llegará de trabajar para que ella corra su auto para dejarle lugar en la cochera y tenga listos unos mates calentitos y unas medialunitas.
Sucede que la necesidad de poseer este tipo de información obedece a dos propósitos. El primero tiene que ver con los celos, mientras que el segundo sencillamente se debe a una preferencia por una organización práctica de la vida. Mi madre responde al primero, claro, mientras que mi padre se inclina por el segundo.
En mi caso, mi control sobre los horarios del Chango se relaciona con fines pragmáticos. Pregunto una y mil veces a qué hora vendrá a la noche, porque detesto que se enfríe la cena, me molesta comer tarde, me irrita tener que esperar y no soporto la impuntualidad. Lo mismo hago con sus actividades de fin de semana. Que haga lo que quiera, cuando quiera y con quien quiera, pero que me diga a qué hora estará en casa para tener mi trabajo de la semana adelantado y estar bañada y perfumada para poder echarme en el sillón con él y garrapatearlo.
A él, por su parte, no le interesa demasiado a dónde voy o a qué hora vuelvo. Sólo exije saber con quién. Pide nombre y completo y ocupación de todas mis compañías, y a veces quiere vetar a alguno porque es “un buitre que espera que me descuide para pirulearte“. Es lo mismo una salida de sábado a la noche que un café a dos cuadras del laburo a las seis de la tarde, siempre y cuando él tenga los datos personales de la gente que estará conmigo.
Ya sea por celos o por simple organización, lo cierto es que cada uno necesita saber ciertas cosas de la vida de su pareja para alimentar sus obsesiones personales; y esto no tiene nada de malo, siempre y cuando
sepamos que a cambio deberemos ofrecer lo mismo a cambio sin chistar.
Así que cuando el Chango pregunta, yo le cuento, e incluso le hago una
mini biografía de todos mis amigos para que él se quede “tranquilo”, de la misma manera que él respeta mi neurosis aunque odie tener que calcular cuánto va a tardar el colectivo o cuántos puestos de revistas puede mirar embobado camino a la parada.
Via FeedShow.com